martes, 16 de julio de 2013

La Guardia de fuego

II. Los ojos de la noche.

The Devil's Eyes by =Grivetart

La brisa arreciaba poco a poco mientras los grillos volvían a cantar a su paso. Llevaría apenas unos veinte minutos caminando cuando el silencio se hizo con la calle que transitaba.
Llevó la mano rauda al cinto, pegó su espalda contra la pared y entrecerró los ojos, dispuesta para la batalla.

Los árboles comenzaron a arrullar suavemente, haciendo que la piel se le erizase con la brisa. Un susurro, como un suspiro, comenzó a sonar en sus oídos como si alguien estuviese mascullando palabras en un idioma que le era desconocido. Hasta que le fue bien conocido.

- Un, dos, tres, tres, tres... - Pudo entender de una voz, masculina, que variaba de tono de una forma sepulcral entre sílaba y sílaba. Era un sonido inhumano. Ella se aferró al mango de su arma. - ¡Tres, tres, tres!

Al final de la calle, y gracias a sus ojos de iniciada, ella pudo ver cómo una sombra se cernía girando la esquina. De forma esquelética y raquítica, pero estirada y desgarbada, con un hombro cuantiosamente más elevado que el otro, la mirada perdida y rábica vagando de un lado a otro, los labios cortados mostrando en todo momento parte de su dentadura, el pelo a medio caer... ¿Cuántos años debía tener cuando se convirtió? No aparentaba más de los cuarenta, y por su aspecto, no debía haber presenciado batalla alguna con un Guardián, pues no tenía heridas de guerra. Al menos, no visibles. Y eso podía significar, o bien que no era tan peligroso, pues evitaba la batalla, o que era demasiado rápido como para acertarle, y era él quien mataba primero.


- ¡Suerte, suerte! - Los ojos de aquel ser parecían a punto de salirse de sus órbitas mientras miraba a su alrededor. De repente, comenzó a golpearse la cabeza con las manos de forma brusca y exagerada. - ¡Dos! TrrrrrRRrrRRrreeeeEeeEEsss... - Aquel grito gutural que ejerció le puso a ella de nuevo todos los pelos de punta, y dio un pequeño paso atrás, alarmada. Ese ser tenía la voz demasiado grave, y aquello solo significaba una cosa: Que era un veterano, de los que más tiempo llevaban convertidos. De los que más muertes habían causado.

Ella elevó su arma ante su rostro y se tensó de un modo casi impensable, cuando aquella criatura
detuvo el divagar de su cuerpo por la calle y se quedó estática. La escasa luz que existía en el ambiente, se reflectaba en la piel desnuda de los brazos y el pecho de aquel ser, que ahora le hacían parecer ser una estatua de cera mal tallada.
Lentamente, cual puerta entornada en un amanecer, la criatura giró su rostro de una forma desencajada en la que de seguro se habría partido el cuello de ser humano, y postró los ojos directamente sobre los de ella. El amarillo febril, brillante como mil faros en la oscuridad, se clavó en su nueva presa durante más de veinte segundos sin mover ni un solo ápice de su amorfo cuerpo, casi como si no la hubiese visto.

- ¡¡¡TrrrrEEEeeeeEEeeeSSsssS!!! - Gritó la criatura abriendo tanto la boca que pareció que se iba a comer a sí mismo. Y se lanzó raudo hacia el frente, a por ella.

Ella consiguió esquivarle de un salto, impulsándose contra la pared, y se giró sobre sí misma de nuevo con el arma en ristre. Su capucha cayó hacia atrás con el movimiento. El ser, con las huesudas manos clavadas en la pared contra la que ella se había apoyado, giró una vez más su cuello hasta quedar la cabeza colocada por encima de su espalda, y sonrió mostrando sus deformados y afilados dientes de un modo amenazador y violento. Se detuvo unos instantes al ver los ojos semi amarillos de la muchacha, como pensándose mejor si atacar o no, y durante unos instantes ella temió... Que no lo hiciese. Pero se impulsó una vez más.
El acero chocó contra la carne cuando la chica se agachó para esquivar el encontronazo y elevó el arma por encima de su cabeza, consiguiendo asestarle a aquella criatura un buen corte en el vientre, que comenzó a liberar un líquido sanguinoliento de color oscuro y casi pútrido al instante, impregnando el aire de un olor nauseabundo.
Apenas tuvo tiempo de girarse, cuando un golpe la lanzó de bruces contra el suelo. El ser se había lanzado contra su espalda y la había hecho caer, siendo más rápido que ella, pues el dolor a esas criaturas no les afectaba, y por ello estaba por encima de él.
La espada salió volando lejos de su dueña, la cual se encontraba rodando por el suelo para girarse y tener de frente a la criatura, que con sus dientes de casi sierra intentaba desgarrarle el cuello.
Aferró con fuerza los hombros de la criatura para apartarla de ella, notando cómo ejercía una fuerza inhumana para intentar llegar a su sangre, pero con suerte consiguió interponer una rodilla entre ambos y la empujó tan fuerte hacia atrás, propinándole una patada en el estómago, que tuvo tiempo de volver a ponerse en pie y correr a por su espada.



Rodó cuando la tuvo entre sus dedos para esquivar al ser, que sabía saltaría desde su espalda. Y así fue. La criatura chillaba de rabia, enfurecida, y expulsaba saliva en forma de espuma por las comisuras de sus labios mientras se lanzaba contra ella, alocada, una y otra vez. Ella sintió de repente cómo algo cálido le resbalaba por la frente, y supo que al caer se había hecho una brecha en la cabeza, pero no quiso comprobarlo. La sangre caía por su mejilla derecha, pero no le impedía la visión. Y aquella criatura, ni pareció inmutarse de ese hecho.

Una vez más, de un salto, voló contra la muchacha, que elevó la espada en alto, concentrándose.
Pareciese que el ser iba a arrancarle la cara de un mordisco, pues iba directo a ser certero y mortal, pero en el último segundo la chica se lanzó hacia un lado cual bailarín experimentado, giró sobre sí misma con una sola pierna, y giró la espada para dar justo con el filo de forma descendente sobre el cuello de la criatura, con un único tajo.

Un sonido que rebotó varias veces en los alrededores, cálido, húmedo y blando, dejó claro que había sesgado la cabeza de aquel ser de una forma casi impecable. El cuerpo del monstruo se mantuvo en pie unos segundos más, casi sin comprender por qué había perdido su cabeza, y se desplomó acto seguido ante los ojos amarillentos de la muchacha, que atendía a la escena casi sin un ápice de emoción en el rostro. Bajó la espada poco a poco y persiguió la cabeza de la criatura, alcanzándola segundos después.

Pasó un rato en el que la chica al fin volvió a retomar el rumbo, con la espada de nuevo enfundada y la capa ondeando ante la brisa, chocando contra sus tobillos. La capucha ocultaba su rostro, y sus ojos, una vez más. La sangre resbalaba aún por su mejilla, pero no se molestaba en limpiarla.

Su camino continuó hacia el sur, rodeada del sonido de los grillos que habían vuelto a cantar, tranquilos, como si nada hubiese ocurrido.
La única diferencia en ella, era la sangre en su mejilla y en la hoja de su espada, mientras mantenía el puño izquierdo ahora cerrado, entre cuyos dedos se podía atisbar el febril brillo amarillento de unos ojos, ya muertos.


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Gracias por el magnífico título, Jon. Siempre eres mi inspiración.
PD: Oh sí, te aguantas. Te adoro~ 

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